Luis Barragán es uno de los arquitectos más estudiados de las facultades de arquitectura del mundo, incluso los grandes maestros de la arquitectura, mencionan la inspiración que encuentran en la vida y obra de este arquitecto mexicano, como así lo reconoce el Arq. Tadao Ando de Japón. El hecho de que haya sido el segundo arquitecto en recibir el premio Pritzker de arquitectura lo ha llevado a estar en alta estima de los estudiantes de arquitectura mexicana. Pero, ¿Qué aportó al mundo de la arquitectura? A los mexicanos nos gusta decir que la obra de Barragán es una poesía a la arquitectura mexicana, sin embargo, creo que su obra es en realidad un resumen del mestizaje de la arquitectura vernácula del mundo. Cuando observamos su obra vemos el uso del ladrillo, pero los mexicanos no inventamos el ladrillo, vino de España, pero los españoles tampoco lo inventaron, vino de medio oriente. También encontramos el uso de patios en sus obras, algunos dirán que los patios son Romanos, pero los Teotihuacanos también construyeron patios, y los mayas, los Incas, los árabes y los chinos, ninguno lo hizo imitando al otro, fue consecuencia del sentido común, de la necesidad de iluminar el interior de una vivienda, sin perder la privacidad, y aquí es donde hay que detenernos, por que es en la luz y en el pudor donde está el alma de la Arquitectura de Luis Barragán. Si algo es reconocible de la obra del arquitecto, son las sensaciones que se viven en sus espacios; serenidad, pudor, pulcritud y un poco de devoción. Pasear por los pasillos de sus obras es encontrarse con un juego de luz y sombras que acentúan los colores de las paredes, creando un ritual cada vez que entras a otro habitáculo. No son pocos los que han intentado conseguir el alma de la arquitectura de Luis Barragán, quizás quién mejor lo logró fue su discípulo, el Arquitecto Ricardo Legorreta, a su manera y a una escala arquitectónica mayor. ¿y que hay de los que no lo lograron?

Esto me lleva a mis años en la Facultad de Arquitectura, donde todos los estudiantes de primer ingreso querían estudiar en el taller “Luis Barragán”, creyendo de forma inocente que ello les agregaría talento automáticamente, entonces veíamos que, en cada croquis, en cada maqueta, en todo lo que se hiciera siempre había color, por que el color era la marca del arquitecto. A partir de ahí se construye la falacia, si un arquitecto que usaba el color fue reconocido, entonces hay que usar color para tener reconocimiento. Con este criterio han salidos de las escuelas de arquitectura de México varias generaciones, donde siempre hay alguien que quiere hacer homenaje a la obra de Luis Barragán, pintando muros de rosa mexicano y amarillo patito, iluminados con luz artificial y con algunos nichos cuadrados para poner macetas. La sensación de frivolidad es notoria, el ambiente en muchos casos es angustioso.
Creo que el respeto y la admiración no debe confundirse con tratar de llevar una vida ajena, y desde el punto de vista del arte, tiene más mérito aportar valor que tomarlo de otros, también creo que todo lo bueno en el arte merece morir con dignidad, debe morir la forma, pero no el fondo, hay muchas maneras de expresar la luz, la serenidad, el pudor, la devoción y la pasión, es ahí donde están las oportunidades de los arquitectos, en encontrar nuevas maneras de expresarlo, sin frivolidades para los hombres y mujeres de esta época y con los recurso que tenemos.

Por Zith

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